Palabras de Aliento

Dios en las Calles

Extracto del libro «Dios en las Calles» del pastor Shito Espinoza

Todo comenzó muy silenciosamente. Es como cuando recién prende un fuego, pero mientras más ramas secas echas, más se enciende, al punto que termina siendo una llama ardiente.

Era una carga, una responsabilidad que no sabía cómo expresar en mis comienzos, un palpitar fuerte, un fuego en mis huesos y una adrenalina que recorría todo mi ser; sin duda los momentos más apasionantes que he vivido en mi vida es donde veo el cielo moviéndose y soplando a favor del Reino; es donde suspiro y digo “este es mi propósito. Gracias, Señor”.

Salir a la calle ha sido como entrar a una cancha a disputar una gran final, es una euforia, una concentración total y un objetivo claro lleno de convicción y pasión; es estar en una trinchera de guerra: un momento de vida o muerte. Siempre es un choque de pensamientos, dos Reinos, el bien y el mal, la Luz y la oscuridad.

Este es el lugar donde la oscuridad se ve confrontada, el mal se ve desnudo ante la Luz, la justicia y la verdad. Todo esto es evangelismo, evangelismo que hace palpitar el corazón de la Iglesia, y la vida de cada creyente; evangelismo es pasión por aquel que murió en la cruz y resucitó por la humanidad. Evangelismo deja registrado lo que Dios sigue haciendo en la tierra, es la muestra de Dios hacia la humanidad. Evangelismo es el registro de cada vida tocada por el poder de Dios, cada vida convertida y arrepentida al verdadero único salvador y Dios de la tierra: Jesucristo.

Somos responsables de predicar, somos responsables de las almas, somos responsables de nuestros amigos, compañeros, ciudades y naciones, somos responsables del “id y predicad el evangelio a toda criatura”. Está todo listo para predicar: el sacrifico ya fue hecho, ahora solo queda hablar de ese sacrificio. Debemos ser como aquel Felipe que escuchó la voz de Dios y obedeció.

Si esto Dios lo hizo por un alma, cuánto más hará Dios por naciones o por el mundo; si no escatimó ni a su propio hijo, tampoco escatimará recursos o tiempo: a Dios le urgen las almas, ahora te toca a ti estar urgido e incómodo al punto de moverte de tu condición en pos de todo aquel que necesita escuchar con urgencia el evangelio de Jesucristo. Te invito a introducirte en este libro que te mostrará que no se necesita una fecha especial, un evento especial, un día especial para predicar, que todos los días de tu vida pueden ser especiales al momento de anunciar a Cristo con un corazón limpio y deseoso de ver a Dios ¡en las calles! Evangelismo es lo que Dios ha encomendado a su Iglesia. Como prioridad número uno, la Iglesia debería estar haciendo evangelismo, porque no se puede remplazar con alguna cosa u otra actividad. De hecho, evangelismo no se debería tomar como una actividad incómoda para el creyente, debe ser prioridad en su vida cotidiana y eclesiástica.

El evangelismo debería ser parte de cada congregación, en estos tiempos no puede seguir sucediendo que en congregaciones no exista evangelismo. Una Iglesia que no evangeliza está carente de amor por las almas y eso se entiende en completo desacuerdo con la cruz y el mensaje de salvación que hemos recibido. Predicar el evangelio es una misión a la cual tenemos que responder. Para Cristo, predicar el evangelio era necesario; nuestro Señor había sido enviado a predicar. Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto; y la gente le buscaba, y llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos. Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.  Y predicaba en las sinagogas de Galilea. (Lucas 4:42-44)

Predicar el evangelio es una necesidad, así lo fue para el Señor,  así lo fue para Pablo, los apóstoles y así debe ser para la Iglesia en estos tiempos. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! (1 Corintios 9:16)

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