¡Creo en los finales felices! Porque “Mi Historia” es un final feliz donde existía tristeza, angustia hoy gracias a Jesús tenemos esperanza, amor y familia.
Sobre Mi
Roberto Espinoza Alessod, más conocido como “Shito Espinoza” y simplemente como “Shito”, entre sus familiares y amigos, nació en Santiago de Chile un 13 de septiembre de 1988.
Shito Espinoza es reconocido por su pasión por las almas y su desarrollo en el ministerio evangelístico; tiene una fuerte convicción por alcanzar a aquellos que aún no han oído de Jesús.
Ha sido ordenado al ministerio como pastor y evangelista; trabaja en misiones urbanas y en el ministerio juvenil, llevando el mensaje de Jesús a las ciudades, barrios, parques y universidades, predicando el evangelio de Jesucristo a jóvenes y reconciliando sus corazones con el Padre a través de su hijo Jesús.
Mi Historia
He tenido el privilegio de criarme en un hogar cristiano, toda mi vida he visto a mi padre y madre servir a Jesús con todo su ser. Soy el mayor de cuatro hermanos y siempre sentí esa responsabilidad de cuidar y proteger.
Creo y amo el núcleo familiar, pues, sin duda, es lo principal de una sociedad y lo creo porque muchas áreas de mi vida no hubieran sido lo mismo sin esa contención y amor incondicional que solo puede entregar una familia.
Me crie, jugué, y pasé mi enseñanza básica en un barrio modesto, pero, al pasar los años, a entrar en la tan complicada adolescencia, fue cuando comenzaron los problemas de conductas, principalmente en la escuela. Comencé con malas amistades y, aun así y en medio de esto, siempre tuve desarrollada mi área artística; dibujaba, creaba comics y soñaba con estar en grandes escenarios como los famosos artistas.
A la edad de los once años conocí la cultura del Hip Hop, en la cual vi una posibilidad de expresar todo mi talento artístico, en especial la escritura y la composición de rimas.
Tristemente, en el proceso de transición de la adolescencia a la juventud, mi conducta rebelde se intensificó dando pasos errados y tomé más de alguna decisión incorrecta.
Recuerdo que, a los trece años, inicié con el abuso de drogas y alcohol y, junto con esto, una vida muy antisocial, mezclada de delitos y violencia, lo cual me llevó a un estado de oscuridad y esclavitud espiritual donde vivía al borde de la locura, en el abandono de la calle y cada día más al borde de la muerte.
Recuerdo que, una semana después de mi cumpleaños número quince, sufrí una sobredosis de droga y desde ahí en adelante sufrí distintos episodios en los cuales pude a ver muerto: problemas entre pandillas, situaciones personales y todo lo que se vive en la versión más dura de la calle.
Papá y mamá siempre se mantuvieron en oración, con su fe intacta, cubriéndome en oración y sirviendo a Dios. No obstante, todo giró cuando mis padres tuvieron que renunciar y morir a mí para darme en ofrenda. La oración de mi madre fue: “Señor te lo entrego, solo te pido que si llega a morir se vaya contigo…” y, esta oración, fue el día que mis padres estaban a minutos de iniciar su primera reunión como iglesia. Ese día, ellos tomaron una decisión. Yo tenía muchos días sin volver a casa y mis padres, en vez de salir a rescatarme para al menos ir a ver si aún seguía con vida o para llevarme a casa, tomar una ducha y descansar… ellos decidieron servir a Dios.
Desde ese momento Dios comenzó a hacer su obra en mi vida, Me comencé a sentir vacío, que todo era falso, los amigos, las drogas, la calle, todo. A fines del 2008 reconocí que necesitaba de Dios y el comenzó a tocar mi corazón. Yo lo recibí en mi vida confesando a Jesús como el único Dios y Salvador, en el cual tenemos perdón y vida eterna. A los diecinueve años mi vida es transformada por el poder de Dios, junto a la que en ese momento era mi novia hoy mi esposa, Paola. Dejé la calle, amigos, la música que tanto amaba… todo por seguir a Cristo. Junto a Paola, mi novia, en ese momento nos decidimos casar y, en el 2010, tuvimos nuestro primer hijo, Agustín, y luego a Isabella y Pablo, quienes, en medio de su crecimiento, han servido a Dios junto a nosotros.
Actualmente, servimos y pastoreamos en nuestra iglesia (CAI) junto a mis padres, quienes son los pastores oficiales de Centro de Adoración Internacional, junto a toda la familia.
Las calles son mi púlpito, los perdidos mi pasión; sé que hay muchos “Shitos” por rescatar, en el nombre de Jesús. La música es el medio y el anzuelo para capturar a toda una generación para Jesús y su Reino es el arma que Dios me ha dado para conquistar vidas para Cristo.
¡Creo en los finales felices! Porque “Mi Historia” es un final feliz. Donde existía tristeza, angustia, tragedia, incertidumbre, soledad, hoy existe esperanza, amor, familia, perdón, restauración y transformación, gracias a Jesús.
Déjame decirte: si hoy estas viviendo un tiempo difícil en tu vida, aférrate de Jesús y te aseguro que vas a ver un final feliz.
Un abrazo,
Shito Espinoza, un hijo pródigo que regresó a la casa de su padre.