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El Fuego de Dios
Muchos me preguntan cómo he podido llevar a cabo el ministerio de la evangelización a través de todos estos años, cultivar el amor y pasión por las almas, la respuesta es: El fuego del Espíritu Santo.
Cuando tenemos el fuego del Espíritu Santo podemos sentir como Jesús siente, y Jesús siente pasión por las almas.
El fuego de Dios se recibe y lo recibimos una vez que somos llenos del Espíritu Santo.
Ahora, el fuego de Dios no lo podemos contener ni menos controlar, los más probable es que vamos a terminar diciendo como dijo el profeta Jeremías: No obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude…
Cuando en nuestro corazón hay un fuego ardiente que incluso es introducido en nuestros huesos, es imposible callar, no nos podemos detener de adorar, de buscar el rostro de Dios y de agradar su corazón.
Nos volvemos personas que impactamos a otros con el mensaje de Cristo.
Y esto fue justamente lo que me sucedió, como olvidar aquel día que sentí ese fuego arriba de un autobús de locomoción colectiva, ese fuego era tal como describe el profeta Jeremías, en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo y no pude, en especial en mí no pude callar.
Aquella vez fue la primera que anuncié a Cristo en alta voz proclamando salvación. No sentía temor, solo ese fuego en el corazón metido en mis huesos que ardía en mí para proclamar salvación.
¿Has tenido un encuentro con el fuego del Espíritu Santo?
Si aun no lo tienes y quieres tenerlo la respuesta es pasar tiempo a los pies de Cristo.
Quiero que, al terminar este primer día de plan, dobles tus rodillas, adores a Dios hasta que el fuego del Espíritu Santo se encuentre ardiendo dentro de ti.
Jeremías 20:9
Palabra de Dios para Todos
Yo dije: Ya no anunciaré más de él; no volveré a hablar en su nombre, pero su mensaje dentro de mí se convierte en un fuego ardiente que me cala hasta los huesos.
Hago todo lo que puedo por contenerlo, pero me es imposible.
Hechos 2:2-4
Traducción en lenguaje actual De pronto, oyeron un ruido muy fuerte que venía del cielo. Parecía el estruendo de una tormenta, y retumbó por todo el salón. Luego vieron que algo parecido a llamas de fuego se colocaba sobre cada uno de ellos. Fue así como el Espíritu Santo los llenó de poder a todos ellos, y enseguida empezaron a hablar en otros idiomas. Cada uno hablaba según lo que el Espíritu Santo le indicaba.